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Del desierto al plato: cómo China está criando mariscos en un “océano inesperado”

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del desierto al plato

En el imaginario colectivo, la acuicultura siempre ha estado ligada a la costa. Sin embargo, China está demostrando que esa asociación ya no es imprescindible. En la región autónoma de Xinjiang, una de las zonas más áridas del país, han surgido auténticas granjas marinas capaces de producir pescado y marisco a cientos de kilómetros del mar.

Un proyecto acuícola en pleno desierto

Xinjiang está dominada por paisajes extremos como el desierto de Taklamakán, con veranos que superan los 45–50 °C y precipitaciones mínimas. Aun así, en los últimos años se han desarrollado allí instalaciones acuícolas de interior que utilizan grandes estanques artificiales revestidos con membranas impermeables y alimentados por sistemas de recirculación de agua.

Según recoge elDiario.es, estas granjas producen ya cientos de toneladas de marisco y pescado al año, una cifra impensable hace solo una década para una región sin litoral ni tradición marina.

Tecnología que sustituye al océano

La clave del proyecto está en la tecnología. Los estanques funcionan como sistemas cerrados de recirculación acuícola (RAS): el agua se filtra, se oxigena y se ajusta su salinidad y temperatura de forma constante. Sensores y controles automáticos mantienen condiciones estables incluso cuando el clima exterior es extremo.

De acuerdo con Gizmodo España, más del 90 % del agua se reutiliza, lo que reduce drásticamente el consumo hídrico, un factor crítico en zonas desérticas. Además, la temperatura del agua se mantiene en rangos óptimos (20–30 °C) gracias a sistemas de aislamiento y control térmico.

¿Qué especies se crían en Xinjiang?

Lejos de limitarse a peces de agua dulce, estas granjas han logrado adaptar especies tradicionalmente marinas, como camarones, langostinos, meros o incluso ostras, a entornos completamente artificiales. Los técnicos ajustan la salinidad y la composición del agua para replicar condiciones oceánicas específicas.

Los resultados son llamativos: algunas explotaciones reportan tasas de supervivencia cercanas al 99 %, muy por encima de la media de sistemas acuícolas más tradicionales, según la información recopilada por Gizmodo. Esta estabilidad reduce pérdidas, mejora la previsibilidad de la producción y abarata costes a medio plazo.

Producción y peso económico

La acuicultura interior en Xinjiang ya no es experimental. Datos citados por medios chinos y europeos señalan que la región ha alcanzado alrededor de 196 000 toneladas de producción acuícola anual, situándose entre las principales zonas productoras del norte del país, pese a no tener costa.

El medio oficial People’s Daily Online destaca que parte de esta producción se destina no solo al mercado interno, sino también a la exportación a países como Rusia y algunos mercados europeos, lo que confirma la viabilidad comercial del modelo.

Seguridad alimentaria y estrategia nacional

Este tipo de iniciativas encajan con una estrategia más amplia del país para reforzar la seguridad alimentaria y reducir la presión sobre los ecosistemas costeros, cada vez más afectados por la sobreexplotación y la contaminación. Producir marisco tierra adentro permite acercar la producción a los grandes centros de consumo del oeste y norte de China, reduciendo costes logísticos y emisiones asociadas al transporte.

Además, al tratarse de sistemas controlados, se minimiza el riesgo de enfermedades y vertidos al medio natural, uno de los principales problemas de la acuicultura intensiva en mar abierto.

¿Modelo replicable o caso excepcional?

La experiencia de Xinjiang plantea una pregunta inevitable: ¿es este modelo replicable en otros países o regiones áridas? La respuesta no es sencilla. La inversión inicial en tecnología, energía y know-how es elevada, y el éxito depende de un control muy preciso de los sistemas.

Aun así, el proyecto demuestra que la acuicultura ya no está limitada por la geografía tradicional. Donde antes solo había arena y calor extremo, hoy hay estanques que producen proteína marina de forma constante. Xinjiang se ha convertido, contra todo pronóstico, en uno de los ejemplos más claros de cómo la innovación puede redefinir lo que entendemos por “granja marina”.

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